De mi libro favorito
(…) Ahora bien, el realismo o el naturalismo de las imágenes no contradice la vocación transformadora que debe informar todo arte: convertir el mundo en algo hermoso. Sostiene que la obra de arte surge de la lucha por alcanzar esta meta. Y esta meta necesariamente pasa por el momento subjetivo del creador: todo artista integra en su obra la visión que tiene de ese mundo mejor. Pero esa visión no nace ni se transmite desde un ideario racionalmente fundado, o desde un pensamiento científicamente llevado, sino desde un impulso hacia lo infinito, hacia lo espiritual, hacia lo verdaderamente humano. Ese infinito, ese profundo secreto que constituye el corazón humano, sólo se puede aprender y transmitir en imágenes vivas, no en fríos razonamientos. Lo infinito está en lo concreto, y por eso sólo es comunicable en imágenes, no en conceptos abstractos. Cuando un artista crea una imagen, siempre está también superando su pensamiento, que es un nada en comparación con la imagen del mundo captada emocionalmente, imagen que para él es una revelación. Pues, el pensamiento es efímero; la imagen, absoluta.
(Esculpir en el tiempo – Andrei Tarkovski)


